Los hechos recientes presentados por inundaciones y deslizamientos, vuelven urgente adquirir una mayor efectividad en la divulgación de estudios.

La tragedia de Mocoa, como tantas otras registradas en el país, ha inducido a todo tipo de comentaristas a buscar explicaciones climatológicas, de ordenamiento territorial y fallas en la gestión del riesgo.

La emotividad explica los comentarios, y como tal puede ser que no se estructuren alternativas de corto, mediano y largo plazo para enfrentar tanto los ciclos hidrológicos como los procesos de urbanización, en su mayoría ilegales, por cuanto invaden zonas de alto riesgo. Los ciclos cambian de manera inesperada, la urbanización de zonas inundables se explica, en buena parte, en la pobreza de los invasores y en la falta de alternativas de vivienda en zonas adecuadas para acercar esta población al territorio donde se encuentra la oferta de empleo.

La cartografía e información sobre tiempos y zonas de inundación, derrumbes y deslizamientos, que llega a los municipios, no siempre es comprendida y, en ocasiones, es poco instrumental para administradores locales, ya sea por su contenido técnico o la escala planimétrica de la realidad. Frente a la posible y, a veces, necesaria judicialización de los gobernantes locales como responsables de la gestión del riesgo, habría que preguntarse si están capacitados para leer e interpretar los informes científicos y actuar de conformidad con la gravedad que muestran los diagnósticos, y, más aún, si cuentan con los recursos necesarios.

LA ECOHIDROLOGÍA COMO INSTRUMENTO

Más allá de saber que el agua es el común denominador y regulador de diversos procesos ecológicos, hay que dar respuesta a la degradación de los ciclos hidrológicos desde la ingeniería y las biotecnologías para mejorar la capacidad de cuidado de las cuencas, acomodar o reacomodar los asentamientos y preservar o recuperar la calidad ecológica del entorno.

Colombia tiene que avanzar, además de los conocimientos teóricos sobre los ciclos del agua, en la comprensión interdisciplinaria de la interacción entre poblamiento e hidrología, para contar con herramientas innovadoras que permitan la conjunción entre el agua y la ‘biota’. Esto significa incorporar biotecnologías ecohidrológicas, ingeniería ecológica y soluciones sustentadas en la misma naturaleza, entre otras alternativas, que ya vienen siendo utilizadas en los países desarrollados.

Con el fin de iniciar un mejor manejo de la red hídrica, con particular referencia a los contextos urbanos, en el marco del 60° congreso anual de Acodal y con el apoyo del Gobierno de Francia, se presentarán exposiciones de varios expertos, como ‘Cartografía de riesgos de inundación por desbordamiento de cursos de agua y por escorrentía intensa de aguas lluvias en zona urbanizada’, Pascal Breil, del Instituto Nacional de Investigación de Ciencia y Tecnología para el Medio Ambiente (Irstea). De esta conferencia se espera entender cuál sería la cartografía comprensible para los gestores locales que deben enfrentar las crecientes y adoptar los planes de ordenamiento territorial. De igual forma, se presentará la conferencia ‘La gestión patrimonial de las redes de agua, en la confluencia de temas de operación, información y gobernanza’, a cargo de Yves Le Gat.

Estos nuevos conocimientos, que, bajo la denominación de ‘ecohidrología’, dan soporte a la adopción de medidas apropiadas y oportunas de adaptación a un ambiente de cambio continuo permitirán mejorar las predicciones, aun sin sistemas sofisticados de medición.

LO QUE HAY POR HACER

Los hechos recientes, o que podrían repetirse, por inundación, deslizamientos y remoción de masas, vuelven urgente y necesario adquirir una mayor dinámica y efectividad en la divulgación y manejo de los resultados de estudios que aseguren la toma de decisiones en los distintos niveles del Estado.

En consecuencia, la ecohidrología permitirá estructurar un programa hidrológico nacional tal como lo ha propuesto la Unesco a nivel mundial. Este programa deberá integrar la investigación social y del territorio urbano y rural, la ecológica y la hidrológica para obtener resultados que faciliten a los administradores territoriales y regionales de prácticas efectivas.

Las prácticas efectivas no son otra cosa que poner en marcha planes de reubicación de vivienda, la protección de rondas y zonas de inundación mediante la conformación de parques que regulen las crecientes y la protección de los reguladores naturales que, como las chucuas, meandros y humedales, vienen siendo rellenadas para ser urbanizadas.

Con estos instrumentos y con la información a escala apropiada a las características del territorio, podrán esperarse planes de ordenamiento territorial que, efectivamente, constituyan herramientas de la gestión integral del riesgo.

Maryluz Mejía de Pumarejo
Presidente ejecutiva de Acodal.