Justo cuando Colombia se aproxima a la recta final de las negociaciones de paz con las FARC, en La Habana, la líder guatemalteca y premio Nobel de Paz, Rigoberta Menchú, ha planteado que la propiedad privada en materia de tenencia de tierras no debe ser el único mecanismo legal que deba prevalecer.

También señala que la paz no es solo silenciar las armas, sino que se debe trascender a la justicia social, al tiempo que advierte sobre la permanencia de conflictos sociales como consecuencia del modelo de desarrollo extractivista.

Rigoberta Menchú es la Invitada de Honor al 59º Congreso Internacional de Acodal y el XXXV de Aidis, una cumbre Interamericana de Agua, Saneamiento y Ambiente que se inicia desde este domingo 21 hasta el miércoles 24 de agosto en Cartagena y que contará además con la participación del ministro para el posconflicto, Rafael Pardo Rueda; los ministros de Vivienda, Elsa Noguera, y de Ambiente, Luis Gilberto Murillo; expertos nacionales y delegaciones de alto nivel de más de 30 países, tanto de América como de Europa.

– ¿Cómo analiza el histórico momento de Colombia, que está por de lograr un acuerdo definitivo de paz con las FARC?
El Acuerdo de Cese Definitivo al Fuego entre el Gobierno y las FARC es un acontecimiento histórico, un paso trascendental y fundamental para lograr un acuerdo de paz firme y duradera. Hemos celebrado este acontecimiento decisivo con la esperanza de poner fin al daño y sufrimiento causado durante más de cinco décadas.

Ciertamente, en este momento histórico es cuando el Gobierno y las FARC deben demostrar mucha madurez y voluntad política, y capacidad para conducir al éxito los compromisos asumidos.

– ¿Qué aspectos destaca del proceso de paz que se desarrolla en Colombia?
Ha habido intentos de diálogo y negociación en distintos momentos, por lo que la población exige una solución pronta y perdurable al conflicto. La firme decisión y voluntad política de las partes, Gobierno y FARC, por resolver el conflicto a través de las negociaciones vía el diálogo, representa una oportunidad invaluable para el país, para nuestra región y frente a los conflictos
que siguen aconteciendo en el mundo.

El anuncio de la búsqueda de poner fin al conflicto armado en Colombia convoca al mismo tiempo el acompañamiento de la comunidad internacional y de países amigos que juegan un papel de primer orden para tender puentes entre las partes en momentos decisivos. El cese de fuego es una convocatoria global para generar una actitud propositiva y constructiva en torno a la paz firme y duradera en Colombia.

– ¿Cómo van a incidir las políticas sobre tierras, agua, saneamiento y ambiente en el posconflicto colombiano?
Colombia tiene avances de reconocimiento de los derechos, que hoy más que nunca se deben poner en práctica, porque ninguna política puede ser exitosa si parte de visiones economicistas y de las prácticas estatales del pasado de carácter elitista.

Por eso es importante que el modelo de desarrollo sea concertado con todos los actores, gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil y pueblos indígenas. La tenencia, uso y propiedad de la tierra es un tema de relevancia, en tanto, la propiedad privada no es la única figura legal que debe prevalecer.

El desarrollo rural debe ser una apuesta para la erradicación de la pobreza y generar condiciones dignas de vida para la población. Pero si el modelo de desarrollo extractivista que prevalece hoy en día en nuestros países, del que Colombia no se escapa, se mantiene inalterable, seguirá siendo fuente de conflictos permanentes en nuestras sociedades.

– ¿Cuál será el impacto de los acuerdos de paz sobre las políticas de agua, saneamiento y ambiente?
Es un acierto que en estos tiempos en que se vislumbran nuevas perspectivas de convivencia armoniosa en Colombia, Acodal y Aidis, dedicaran su 59 y 35 Congreso, a la Madre Tierra, a la Madre Naturaleza y la paz, en especial sobre las políticas de agua, saneamiento y ambiente en el marco de los acuerdos de paz.

Es importante tener claro que la paz no solo es el silencio de las armas entre las partes en conflicto, la paz firme y duradera debe traducirse en justicia social, en la reconstrucción del tejido social afectado durante décadas y en asegurar condiciones dignas de vida para los pueblos, comunidades y familias.

– ¿Cómo impactan los procesos de paz las estrategias de agua, saneamiento básico medio ambiente de los países?
En la mayoría de los países de América Latina prevalecen conflictos sociales entorno de los bienes naturales, entre ellos el agua. Hasta ahora no ha sido posible que los Gobiernos privilegien el bien común por encima de intereses particulares, ya que las políticas públicas en torno al uso, manejo y administración de los bienes naturales son marginales. La institucionalidad no actúa en defensa de los bienes, más bien, se han puesto al servicio de mega proyectos, entre los que se encuentran los monocultivos y las industrias extractivas, que saquean, contaminan, destruyen las fuentes hídricas, que ponen en riesgo la vida humana, la biodiversidad de nuestros países y del planeta entero.

En el marco de los acuerdos de paz, hay una oportunidad de plantear mecanismos, que permitan definir una ruta de desarrollo integral y de equilibrio entre el ser humano y la madre naturaleza. Hoy por hoy, las conquistas de los pueblos, la consulta y el consenso ciudadano, deben ser tomados en cuenta para que se eviten nuevos conflictos a futuro.

– ¿Qué se debe hacer para evitar que la polarización política y social pudiera obstaculizar la buena marcha de los acuerdos?
Después de alcanzado el fin del conflicto armado, nuestro rol y el de las nuevas generaciones, debe ser garantizar políticas públicas, que permitan el mantenimiento y perdurabilidad de la paz como forma de vida. El diálogo y la participación, son los mecanismos privilegiados para la interacción y el logro de los consensos entre los diferentes actores y sectores de la sociedad. La cultura del diálogo es el mayor reto en sociedades en los periodos de posconflicto.

Por otra parte, la voluntad política y la buena fe de los actores en su conjunto, en construir una nueva sociedad y de instituciones que respondan a las transformaciones que se requieren son de capital importancia, y la mayor riqueza de este proceso, es la construcción desde la diversidad.

– ¿Qué incidencia va a tener en Latinoamérica la firma de paz en Colombia?
La firma de la paz en Colombia podría consolidar la relación entre los países de Latinoamérica y entre las comunidades fronterizas que durante siglos han compartido y construido historias y realidades de vida.

Uno de los desafíos es el fortalecimiento de las instituciones democráticas, especialmente en las zonas donde el conflicto desnaturalizó el funcionamiento de las instituciones del Estado, tal como ocurre y ha ocurrido en los países que han vivido conflicto interno.

Los recursos que se utilizan en la carrera armamentista para la guerra deberían tener un destino de desarrollo humano y económico en las zonas de conflicto, que en el tiempo seguramente, vendrían a enriquecer el desarrollo integral para Colombia.

SEIS CONSEJOS PARA EL ÉXITO DE LA PAZ

La Premio Nobel de Paz, Rigoberta Menchú, considera que  es vital para las partes y los dirigentes de los diversos sectores de la sociedad, tener conciencia y asumir su responsabilidad de concertar una agenda común basada en lo sustantivo de los acuerdos de paz.

Los cambios estructurales que requieren un proceso de construcción y de transformación, tienen que tener presente la dignificación humana, la justicia, la equidad, la construcción de la democracia, el respeto a la diversidad.

Establecer mecanismos adecuados para que garanticen la dignificación de las víctimas, y sobre todo invertir en su propia paz, para garantizar que no se vuelva a las prácticas violentas que ocurrieron en el marco del conflicto pasado.

Es necesario promover en la sociedad una cultura de paz a partir de diferentes programas. Una cultura de paz que debe promover el reconocimiento de las atrocidades cometidas durante el conflicto armado interno, para que esto no vuelva a ocurrir; impulsar los cambios estructurales necesarios, y los cambios de mentalidad y actitud de la población en general.

Es impostergable el protagonismo de los centros educativos, de las universidades y centros académicos de primer nivel, en la formación de nuevas generaciones que privilegien el diálogo, la negociación, la concertación y garanticen el liderazgo que permitan las transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales.

Como sociedad debemos siempre privilegiar la verdad y la justicia por encima de la impunidad.

La sociedad civil debe tener una participación activa, propositiva y actualizada, tanto en la implementación como en la exigencia y acompañamiento a los actores gubernamentales, en el cumplimiento de los compromisos  establecidos en los diferentes acuerdos paz.

FUENTE: http://www.eluniversal.com.co/cartagena/rigoberta-menchu-invitada-de-honor-en-congreso-de-acodal-en-cartagena-233686